Uno de los municipios más importantes de la Rioja Alavesa y cuna de buenos vinos es Labastida,  está situado al sur de Álava entre el monte Toloño (1.271 metros) y el rio Ebro, pertenece a la Cuadrilla de Laguardia-Rioja Alavesa y está formado por dos poblaciones: Labastida y Salinillas de Buradón/Gatzaga Buradon.

Su nombre significa “Fortaleza de piedra fija” y gracias al millar de necrópolis que se han encontrado en los alrededores podemos saber que ya en los siglos IX y X la población estaba habitada.

Labastida fue una de las fortalezas más codiciadas tanto por los navarros como por los castellanos y fue pasando de mano en mano hasta el año 1200 en que se quedó en manos del Reino de Castilla. Fernando III concedió en 1242 el fuero de palacio y Labastida pasó a ser la única población de Rioja Alavesa con esta distinción. Finalmente en el siglo XVI Labastida se incorpora a Álava y así ha permanecido hasta nuestros días.

Labastida es sinónimo de buen vino y su cultura está presente en los viñedos, en las bodegas y en los restaurantes de la zona. Es una parada indispensable para todo aquel que quiera conocer de cerca todos los secretos y entresijos del vino; la mayoría de las bodegas reciben visitas y explican paso a paso la elaboración de tan preciado caldo, además de realizar catas.

En la actualidad es una próspera localidad que muestra en su casco histórico su gran legado que le han hecho merecedor de ser declarado Conjunto Histórico Artístico. Tiene la particularidad de tener dos cascos históricos: la zona alta de la villa (barrios de la Mota y del Olmo) es la zona medieval, mientras que la zona baja está repleta de edificios renacentistas y barrocos.

Comenzamos la escapada en:

La fuente del vaso: curiosa fuente que para beber hay que tapar el agujerito del culo del vaso que cuelga de la fuente.

El Arco de Larrazuria da la bienvenida a la ciudad, sobre dos espesos muretes que encierran un amplio arco de medio punto y que sostienen una amplia faja de piedra, se levanta un templete de estilo renacentista.

La Calle Mayor, donde se pueden encontrar numerosas casas señoriales, palacetes, blasones labrados, amplios umbrales y mansiones solariegas.

Palacio de los Paternina, fue mandado construir a mediados del siglo XVI por Diego Martínez de Paternina y su esposa, Isabel de Bergara. Era la casa mejor acondicionada para pasar la noche y era allí donde se celebraban durante el siglo XVIII y hasta principios del siglo XX, las recepciones a las que asistían la alta sociedad de la época. Curiosamente, el mismísimo Napoleón Bonaparte estuvo alojado durante un par de noches, (7 y 8 deNoviembre de 1809) ocupó el “dormitorio rojo” llamado así por el color del damasco de seda que cubría las paredes de la habitación. Actualmente es una propiedad privada, pero sus ocupantes pueden decir orgullosos que Napoleón ha sido el turista más importante que ha acogido su casa.

Palacio de los Garaizábal, refleja el pasado noble de la villa. Su imponente blasón se conserva a la perfección y su fachada, restaurada recientemente, hace que nos traslademos a épocas pasadas.

Palacio Salazar y Quintano, del siglo XVIII. Debe su nombre a un personaje que fue muy importante para el desarrollo vinícola de la zona, D. Manuel de Quintano. Este fraile, aunque en su tiempo fue tomado por loco como tantos otros visionarios, trató de implantar un método de crianza para el vino en la zona (que había oído ya se realizaba en Francia) mediante el uso de barricas de roble y, aunque en aquel momento, no tuvo la aceptación que a él le hubiera gustado, en realidad fue el precursor del Rioja Moderno.
Hoy en día es sede de la oficina de turismo y la casa de cultura aunque a lo largo de los años ha servido como colegio, cuartel de la guardia civil y residencia de los Salazar, lo más destacado es el escudo del linaje sobre el balcón central.

Casa Consistorial o Ayuntamiento, ubicada/o en la plaza de la Paz, auténtica plaza mayor y centro neurálgico de la villa y lugar de esparcimiento y encuentro social de sus vecinos. Construido bajo el reinado de Carlos III en 1740, destaca por su estilo barroco tardío sobrio y elegante. Su diseño corrió a cargo de Agustín de Ezcárrraga. Llaman la atención los tres balcones del cuerpo alto que son coronados con frontones semicirculares y que se levantan sobre una triple arcada.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de estílos renacentista y barroco, está declarada Monumento Nacional por partida doble: por un lado el propio edificio, y por otro su espléndido Retablo Mayor gótico churrigueresco dedicado a la titular del templo, la Virgen de la Asunción, y que es obra de Fernando de la Peña Carrera. También destaca la sacristía y el conjunto de coro y órgano, este del siglo XVIII, el más importante del País Vasco. El templo fue construido entre los siglos XVI al XVIII y en él se venera la imagen medieval de Nuestra Señora de Toloño. En su parte trasera hay que ver una reja que representa el “Descendimiento” y es una réplica del Cristo que veremos luego en el interior.

 

Plaza del Olmo y Arco de Toloño, plazoleta que antaño fuera el antiguo barrio de la judería. En ella se encuentra el Arco de Toloño, antigua puerta de acceso norte a Labastida que se abría en la primitiva muralla medieval de la villa. Tras esta puerta, a lo lejos se divisa el Toloño, el monte que con sus 1.271 m de altura protege esta zona y le proporciona ese clima cálido y soleado propio del Mediterráneo (no hay que olvidar que esta zona, delimitada por el Toloño y el río Ebro tiene el único microclima mediterráneo, lejos de este mar, de Europa) y que propicia el cultivo de viñedos, así como de olivos, almendros y algunas plantas aromáticas. Aunque, si por algo es famoso este monte es por las rutas de senderismo que se pueden realizar en él.

La Ermita del Santo Cristo, se encuentra en la zona más alta de la villa, en el Cerro de la Mota. Exteriormente, destaca su monumental portada románica. La Ermita fue construida sobre una iglesia prerrománica cuyos restos pueden verse a través de unas cristaleras que cubren el pavimento. Bajo nuestros pies podemos ver también numerosas tumbas antropomorfas excavadas en la roca. En su interior, predominantemente gótico, se conserva una talla del siglo XV, realizada por José de Arimatea y que representa al Cristo descendido de la Cruz.

La Mota Alta, el descenso se realiza a través de un agradable sendero que parte de la ermita en dirección hacia la Plaza de la Paz. A lo largo del recorrido se encuentran varios miradores, como el del Almendro, desde donde se divisa otra bonita perspectiva de todo el entorno. En el descenso hay que admirar la fachada blasonada del antiguo Ayuntamiento, y el llamado Lagar de la Mota, uno de los múltiples lagares de elaboración de vino presentes en los sótanos de la mayoría de casas de Labastida (en este caso, la casa ya ha desaparecido).

Para los amantes del turismo activo indicarles que cerca se encuentra el Parque de San Ginés, un amplio campo de diversa vegetación que ha sido recientemente repoblado y que está ubicado a los pies de la sierra de Toloño. El recinto cuenta con diversas instalaciones como parking, mesas, fuentes y barbacoas y alberga además la ermita que da nombre al parque, a la que se acude en romería el martes seguido al día de Santa Lucía. Este espacio es también idóneo para la práctica de senderismo y actividades de ocio y deporte al aire libre.

Por caminos y pistas podemos hacer una travesía de poca dificultad entre Labastida y Salinillas de Buradón, apta para todas las edades. Por parajes de gran belleza se llega en dos o tres horas hasta Salinillas de Buradón, una localidad pequeña perteneciente al municipio de Labastida, declarado conjunto monumental con murallas medievales, el Hospital de Peregrinos de Santa Ana del siglo XV y el Palacio de los Condes de Oñate del siglo XVI con la torre de Los Sarmientos y Ayalas en su interior. En las proximidades del pueblo había unas salinas explotadas desde el siglo XIII hasta el XIX, que dieron nombre al pueblo. Merece la pena visitarla por sus murallas y su arquitectura, sin olvidar que es uno de los núcleos más antiguos de la provincia.

Impulsado por el Ayuntamiento, el municipio acoge uno de los seis Centros de Nordic Walking, que cuenta con cinco recorridos señalizados para la marcha nórdica de diferentes niveles de dificultad. La Marcha Nórdica o Nordic Walking es una forma de ejercicio al aire libre que consiste en caminar con la ayuda de bastones similares a los utilizados para la montaña pero con empuñadura ergonómica y con una dragonera que mantiene el bastón unido a la mano.

Para los amantes de la bicicleta de montaña existe una ruta perfecta por toda la Rioja Alavesa de 63 km de recorrido, que pasa por los pueblos de Baños de Ebro, Elciego, Lapuebla de Labarca, Laguardia, Páganos, Leza, Navaridas, Villabuena, Samaniego y llega de nuevo a Labastida.

Recorrer la Rioja Alavesa es adentrarse en una tierra con carácter, tierra de viñedos, de aromas y de luz, de bodegas llenas de historia y además de una gastronomía que siempre ha sabido aprovechar los mejores productos que le daba la tierra.

Gastronomía:

Localidad de viñedos por excelencia, pone a nuestra disposición la riqueza gastronómica de su tierra a través de sus restaurantes. Acompañados por el vino de Labastida se pueden degustar platos típicos y deliciosos de la cocina bastidarra, como pimientos rellenos, patatas con chorizo, habas con jamón y tocino, sopas de ajo, chuletillas al sarmiento, cordero asado, patorrillo, bacalao…

El vino, que es el producto estrella de Labastida, también se utiliza en la preparación de postres típicos, como la compota de higos y pasas, o se convierte en zurracapote añadiéndole azúcar, limón y canela en tinajas de barro.

El Tempranillo, la Garnacha, el Graciano y el Mazuelo… son una variedad de uvas que sin duda alguna dan al vino tinto ese cuerpo redondo, aroma delicado y paladar exquisito. La Garnacha Blanca, Viura y Malvasía, son los que dan ese toque tan especial a los caldos blancos de Rioja-Alavesa, donde el 79% de sus vinos se eleboran a partir del Tempranillo.

Fiestas y Tradiciones:

Romerías de Santa Lucía y San Ginés, se celebran en mayo, aunque las fechas varían en función de la Semana Santa. De mucho éxito y mucha participación popular en la que no falta la música, buena armonía y buen comer.

La subida al Toloño, se celebra el primer domingo de junio. Una salida montañera en la que no falta un buen almuerzo con un buen vino de la bodega cooperativa de Labastida, buena música con Triki-tixa y ganas de diversión.

La actividad “Bodegas a pie de calle”, se celebra durante la primera quincena de Junio, día en que todas las bodegas del municipio se sitúan en stand a lo largo de la Plaza de la Paz, calle Frontín y calle La Florida, ofreciendo a los visitantes sus mejores caldos.

Fiesta de las Reliquias, son en honor a los Santos Mártires de Cárdena y se celebran el primer domingo de Agosto que caiga entre el 6 y el 12 del mismo mes. Entre otras actuaciones, el municipio se divierte con música de charangas, orquestas, disco-móviles, teatro, encierro, jotas y otras actividades.

La cuadrilla de Rioja Alavesa, en el mes de septiembre y con el fin de dar la bienvenida a la cosecha, organiza de forma itinerante por las distintas localidades de la comarca su fiesta del vino.

Fiestas de Acción de Gracias de la Vendimia, se celebran al terminar todos los trabajos que acarrea la vendimia y esto sucede a mediados del mes de Noviembre. En esta celebración la música, el campeonato de mus, las actuaciones para los más pequeños y las degustaciones son los actos más entrañables.

La Ronda, es una tradición muy antigua que se celebra la noche del  7 de diciembre. En este día se realizan hogueras por todo lo largo y ancho del casco histórico del pueblo. El Ayuntamiento, sus concejales con el Alcalde y la Banda de Música, recorren todas las hogueras para más tarde juntarse en la Plaza del pueblo y repartir castañas y zurracapote para todos los asistentes.

Fiesta de los Pastores, actuación que se realiza el 24 de diciembre, festividad de Nochebuena, y el día 25 de diciembre, Navidad, por la mañana. Todo el pueblo se reúne para ver las actuaciones de los pastores que danzan y cantan en la iglesia y en el Ayuntamiento. Mucha gente de los alrededores se acerca a presenciar esta danza que data de muchos años atrás.

Olentzero, festividad que cada año va cogiendo más fuerza. El Olentzero, mítico personaje, es un carbonero con barba y barrigudo que baja del monte la noche del 24 de diciembre para el disfrute de todos los niños. En su viejo burro va repartiendo caramelos y regalos entre los más pequeños.

Labastida es ¡tu escapada!, un punto perfecto para comenzar una ruta por la zona, disfrutar de un fin de semana en familia, o con amigos, rodeados de naturaleza, de viñedos, de bodegas y de una gastronomía de sabores con personalidad propia.

 

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